El estado de presencia

 


Un Mapa Integral para el Autoconocimiento desde la Antiguedad Clásica hasta la Psicología Integral y la Sabiduría de Oriente.

El concepto de "PRESENCIA" ha trascendido las fronteras de la espiritualidad para emerger como un pilar fundamental del bienestar psicológico y la eficacia personal. Lejos de ser una mera "sensación" fugaz o una alucinación, el estado de presencia es un estado psicológico y de consciencia que se cultiva intencionalmente, ofreciendo una vía para la paz mental y la plenitud. Este informe profundiza en esta noción, argumentando que la verdadera presencia no es un concepto monolítico, sino una experiencia multidimensional que puede ser abordada y sostenida a través de la integración de diversos pilares de sabiduría interconectados. 

El estado de presencia es un estado psicológico y de consciencia que se cultiva intencionalmente


Desde el imperativo filosófico del autoconocimiento y el proceso psicológico de individuación de Jung, pasando por el mapa mítico del Viaje del Héroe, hasta el enfoque evolutivo de la consciencia de Ken Wilber, el principio de acción sin esfuerzo del taoísmo y las prácticas meditativas de Oriente y Occidente. Juntos, estos marcos proporcionan una hoja de ruta integral para trascender la rumiación del pasado y la ansiedad por el futuro, anclando al ser humano en el poder transformador del momento actual.

Introducción: Más Allá de la Mera Consciencia del Aquí y Ahora

En el mundo actual, saturado de estímulos y alimentado por la incertidumbre, la mente tiende a divagar de manera constante, generando entre 40,000 y 60,000 pensamientos al día, de los cuales casi el 90% son una repetición de los anteriores. Esta "mente caviladora" es una fuente prolífica de sufrimiento y estrés, empujando al individuo a vivir en un estado de desconexión crónica con la realidad del momento presente. La búsqueda de la "presencia" surge como una respuesta a este dilema, ofreciendo un camino para reconectar con el aquí y el ahora.

Sin embargo, el concepto de presencia es a menudo malentendido. No se trata de la sensación de una "presencia sentida" que a veces se experimenta en ausencia de un estímulo físico, un fenómeno que ha intrigado a psicólogos y neurocientíficos. En su sentido más profundo, la presencia es un estado de conciencia plena, un estar intencionalmente anclado en el momento. Es un estado de ser que se opone directamente a la fragmentación de la mente, unificando la percepción sensorial, la emoción y el pensamiento en una experiencia coherente y completa. Para comprender y cultivar este estado, se requiere un enfoque que vaya más allá de una simple técnica, que se sustente en una base filosófica sólida, un marco de desarrollo, un principio de acción y una práctica disciplinada. Los siguientes capítulos exploran cómo la sabiduría de la antigüedad y la modernidad convergen para ofrecer este mapa integral.

1. El Pilar del Autoconocimiento: "Conócete a ti mismo"

El viaje hacia la presencia comienza con un antiguo aforismo griego grabado en el Templo de Apolo en Delfos: “Conócete a ti mismo”. Este mandato, atribuido a Tales de Mileto y popularizado por Sócrates, fue un imperativo para los viajeros que acudían a consultar a los dioses sobre su destino. Se les ordenaba investigar su propia esencia antes de indagar en el futuro, estableciendo el autoconocimiento como el punto de partida para comprender el mundo. De hecho, Sócrates afirmaba que el conocimiento que proviene de nuestro interior es el único verdadero. Su relevancia trasciende la filosofía griega, resonando en tradiciones milenarias como el hinduismo, donde obras como los Puranas y el Vedanta también enfatizan la necesidad de indagar en la propia esencia para alcanzar la liberación espiritual.

El conocimiento que proviene de nuestro interior es el único verdadero


Desde una perspectiva psicológica, el autoconocimiento es la capacidad de introspección para comprender las propias emociones, cualidades, defectos y limitaciones. Este proceso se manifiesta a través de la autopercepción, la autoobservación y la memoria autobiográfica, culminando en la autoaceptación, que es la capacidad de aceptarse con virtudes y defectos, sin las creencias limitantes. Al nutrir la inteligencia emocional a través del autoconocimiento, un individuo puede afrontar y gestionar sus emociones de manera más efectiva, lo que conduce a un mayor bienestar psicológico y una reducción del sufrimiento.

La conexión fundamental entre el autoconocimiento y el estado de presencia radica en la naturaleza del ego. Lo que a menudo se percibe como el "yo" es, en realidad, una construcción social: un conjunto de ideas, historias personales, apegos a posesiones y creencias con las que nos identificamos. Este ego, al sentirse incompleto, se embarca en una "búsqueda compulsiva de gratificación" y autoafirmación a través de la apariencia física, el éxito, el poder y el reconocimiento social. Este ciclo interminable de búsqueda es el motor detrás de la "mente caviladora" que nos proyecta constantemente hacia el pasado o el futuro, impidiéndonos habitar el presente. La verdadera presencia, entonces, no puede florecer plenamente si se mantiene la identificación con un yo fragmentado y compulsivo. El autoconocimiento actúa como un acto de liberación causal. 

Al tomar conciencia de la verdadera naturaleza de uno mismo, más allá de la "máscara" o el ego empobrecido, se disuelve la necesidad de la autoafirmación constante. Esto reduce el impulso mental por la búsqueda de gratificación, calmando la rumiación y facilitando de manera natural un estado de anclaje en el aquí y el ahora. 

La presencia es un subproducto inevitable de la profunda autoaceptación que se logra a través del autoconocimiento.


2. El Proceso de la Totalidad: La Individuación de Carl Jung

Carl Gustav Jung nos ofrece un marco psicológico para comprender la presencia a través de su concepto de la individuación, el viaje de la persona hacia la totalidad del "Sí mismo". Jung planteó la existencia de un inconsciente colectivo, un acervo de experiencias, símbolos y arquetipos compartidos por toda la humanidad, de los que nos separamos a medida que nos individualizamos. La individuación es el proceso de diferenciación de esta psique colectiva para convertirse en un ser único e indivisible.

Este viaje hacia la presencia y la totalidad implica varias etapas:
  • El primer acercamiento al inconsciente: El individuo se da cuenta de que su consciencia no es la totalidad de su ser, reconociendo la existencia de impulsos y deseos que han sido ignorados.
  • El encuentro con la sombra: La persona debe confrontar y aceptar su "sombra", la parte de sí misma que ha negado y reprimido por considerarla negativa. Este paso es fundamental, ya que muchos de nuestros conflictos internos y la proyección de defectos en los demás provienen de no haber integrado nuestra propia sombra.
  • El encuentro con el ánima/animus: El individuo debe integrar el arquetipo del sexo opuesto (el ánima en el hombre y el animus en la mujer) para equilibrar su personalidad, trascendiendo las identidades de género impuestas y alcanzando una mayor armonía.
Jung veía la persona como una máscara social que el individuo usa para adaptarse a la psique colectiva, simulando una individualidad que, en realidad, busca la conformidad. La verdadera presencia, desde esta perspectiva, no se logra a través de la conformidad o la represión, sino a través de un conflicto productivo. Los problemas surgen cuando el individuo se individualiza, generando una tensión entre su yo único y las exigencias del colectivo. La individuación es, en esencia, un proceso de reconciliación interna, donde el individuo se hace consciente de todas sus partes (consciente, inconsciente, la sombra) y las integra para convertirse en un ser completo y presente. Al dejar de lado la máscara de la persona y aceptar su totalidad, el individuo puede anclarse en una autenticidad que es la base de la verdadera presencia.

3. El Recorrido Mítico: El Viaje del Héroe de Joseph Campbell

Si la individuación de Jung es el mapa psicológico, el Viaje del Héroe de Joseph Campbell es el plano mítico de la misma aventura hacia la presencia. Este monomito, presente en incontables culturas y relatos, es la metáfora definitiva del crecimiento personal. El viaje no es solo una travesía física, sino una inmersión en el propio mundo interior.

El viaje se divide en tres actos principales:
  • La Partida: El héroe recibe una llamada a la aventura, una invitación para dejar su "mundo ordinario" y afrontar un desafío. Esta llamada a menudo es rechazada inicialmente por miedo o duda. Un mentor aparece para ofrecerle herramientas y sabiduría, convenciendo al héroe de que cruce el primer umbral hacia lo desconocido.
  • La Iniciación: En el "camino de las pruebas", el héroe enfrenta desafíos que "disuelven" y "transmutan" las imágenes infantiles de su pasado. Un momento crucial es la experiencia del vientre de la ballena, que simboliza el punto más bajo del viaje, una prueba crítica o un momento de desesperación. Tras superar estos desafíos, el héroe se reconcilia con su "padre" o autoridad interna, experimenta una "apoteosis" o clímax espiritual, y finalmente obtiene un elixir, un don o conocimiento que ha estado buscando.
  • El Regreso: El héroe, ahora transformado, regresa al mundo ordinario para aplicar la sabiduría y las habilidades adquiridas.
La conexión con el estado de presencia es profunda. El "mundo ordinario" representa un estado de consciencia no-presente, fragmentado y gobernado por las rutinas automáticas. 

El monomito del Viaje del Héroe es la metáfora definitiva del crecimiento personal.


La llamada a la aventura es la invitación a despertar de esa desconexión, y el "rechazo de la llamada" es la resistencia a dejar la familiaridad del estado no-presente. La "iniciación" es el proceso de estar presente con las dificultades y miedos, un acto de conciencia que no juzga las emociones "negativas" sino que las atraviesa. El "elixir" que obtiene el héroe es la verdadera presencia: la sabiduría de vivir plenamente en el ahora, un conocimiento que ha sido ganado a través de la acción y la confrontación de la propia sombra. El "Regreso" es la integración de esta presencia en la vida cotidiana, demostrando que no es un estado místico reservado, sino una cualidad que transforma cada momento.

4. Un Mapa de la Consciencia: La Visión de Ken Wilber

Para comprender la evolución de la calidad de la presencia, es indispensable recurrir al modelo de la Teoría Integral de Ken Wilber. Este marco, que busca unificar la ciencia occidental y la sabiduría de las tradiciones orientales, propone que la consciencia se desarrolla a lo largo de un espectro de diferentes "niveles". Los niveles de consciencia representan estructuras de desarrollo permanentes y jerárquicas, que van desde lo pre-personal hasta lo transpersonal, mientras que los "estados" de consciencia son experiencias transitorias, como los estados de vigilia, sueño y los estados místicos o trascendentales.

Según la psicología integral, el ser humano evoluciona a través de diferentes niveles de desarrollo. En las etapas tempranas, la conciencia se identifica con el "yo mental o social", dando lugar al ego, una representación mental que se separa del cuerpo y la mente. En este nivel egoico, la experiencia de la presencia se limita a una agudización de los sentidos y un cese temporal de los pensamientos. Esta es una experiencia valiosa y placentera, pero está inherentemente limitada por el egocentrismo. A medida que la consciencia se desarrolla, el individuo puede desidentificarse del ego y pasar a un nivel superior. El “yo centáurico” o "yo integrado" es un estadio en el que la mente y el cuerpo se fusionan en una unidad equilibrada y armónica. Este es el nivel más alto al que aspira la psicología occidental ortodoxa, un estado donde la presencia se experimenta como una unidad holística.

Los niveles de Consciencia van desde lo pre-personal hasta lo transpersonal.

Sin embargo, el viaje no termina ahí. Wilber propone la existencia de niveles aún más avanzados, como el "nivel cósmico o transpersonal", donde la consciencia se expande más allá de lo personal para considerar a la humanidad como un todo interconectado. En este punto, se accede a la conciencia no dual, una experiencia en la que la presencia no se limita a un sentimiento individual, sino a una "unidad interconectada" que trasciende el mundo fenomenológico. La experiencia de la presencia no es un estado binario (estar presente o no), sino que su profundidad y calidad evolucionan a la par del desarrollo de la conciencia. Esto implica que la práctica de la presencia no es una meta estática, sino un camino que debe evolucionar con el individuo. 

Las técnicas meditativas pueden inducir estados transitorios de presencia en cualquier nivel, pero la capacidad de sostenerlos y de que se "filtren" en la vida diaria depende directamente del nivel de desarrollo personal. 

El modelo de Wilber proporciona el mapa para comprender esta progresión, mostrando que cada avance en la consciencia enriquece y amplía la experiencia de estar presente en el mundo.

5. La Danza del Fluir: El Wu Wei y la Filosofía Taoísta

Si el autoconocimiento proporciona la base filosófica y la psicología integral ofrece un mapa para la presencia, la filosofía taoísta define la cualidad de la acción en ese estado. El Tao Te Ching introduce el concepto del Tao, que se puede traducir como el "camino" o "flujo natural del universo". Es una fuerza inefable y eterna, la fuente y esencia de todas las cosas. 

Vivir en armonia con el Tao significa fluir con el ritmo de la vida.


El principio central para lograr esta armonía es el Wu Wei, a menudo traducido como "no-hacer" o "acción sin esfuerzo". Es crucial distinguir el Wu Wei de la inacción o la pasividad. No se trata de hacer literalmente nada, sino de un modo de acción que está tan perfectamente alineado con el flujo natural que parece no requerir esfuerzo. Un ejemplo clásico es el del carnicero que, con gran maestría, desliza su cuchillo por las articulaciones sin tener que forzarlo, porque conoce la estructura y el ritmo natural del cuerpo. El Wu Wei no es la ausencia de acción, sino la evitación de "búsquedas impulsadas por el ego" para obtener poder y reconocimiento, ya que estas compulsiones esclavizan al individuo.

La falta de presencia no es simplemente una falta de atención, sino una manifestación de la resistencia del ego al flujo de la vida. La compulsión por la autoafirmación y el control, que emana del ego, crea la sensación de estar "empujando una roca cuesta arriba". El ego se resiste a la realidad del momento, juzgándola como "triste, dolorosa o excitante" en lugar de simplemente aceptarla tal y como es. El Wu Wei se opone directamente a esta lucha. Al silenciar los pensamientos y desviar la energía mental hacia el mundo externo, el individuo renuncia al control y permite que la acción se vuelva espontánea y fluida, sin estar "teñida de agresividad" o de una actitud defensiva. 

Permite que la acción se vuelva espontánea y fluida


Estar en presencia, por lo tanto, es el estado de Wu Wei, donde se permite que las circunstancias fluyan y la acción surge de una conexión profunda con el momento, en lugar de una agenda predeterminada del ego.

6. La Vía de la Meditación: El Budismo Tibetano y las Técnicas de Presencia

El budismo tibetano ofrece el vehículo práctico para pasar de la teoría a la experiencia vivida de la presencia. La meditación es el camino principal en esta tradición para cultivar la conciencia plena (sati o smṛti), un factor espiritual esencial para alcanzar la iluminación. Mientras que las filosofías de Occidente y otras tradiciones de Oriente proporcionan el conocimiento y el marco, la meditación budista es el "motor" que permite al individuo encarnar ese saber.

Dos prácticas meditativas fundamentales en el budismo son Shamatha y Vipassana.


Shamatha, que se traduce como "calma mental", es la base. Su objetivo es calmar y enfocar la consciencia, preparando la mente para una visión más clara. La mente normal, con su haz de luz difuso, es incapaz de ver con claridad. 

Shamatha entrena la mente para enfocar la luz y recargar la batería. Técnicas como la atención a la respiración (anapanasmrti) son las más comunes, ayudando a concentrar la atención y a redirigirla suavemente cada vez que la mente divaga.

Una vez que se ha cultivado una base de calma, se puede pasar a Vipassana o "visión clara". En esta meditación, el practicante observa el flujo de pensamientos, emociones y sensaciones corporales sin juzgarlos como buenos o malos. El propósito no es detener los pensamientos, sino verlos con discernimiento para comprender la naturaleza de la realidad. 

Ambas prácticas están íntimamente conectadas, ya que la serenidad de Shamatha es un prerrequisito para la perspicacia de Vipassana.

Además de estas, el budismo tibetano incluye prácticas únicas como el Tonglen, que significa "dar y tomar". Esta meditación enfrenta directamente el sufrimiento, invitando al practicante a inhalar el dolor propio y ajeno para cultivar la compasión, y a exhalar calma. Esta técnica es una manifestación de la presencia que se extiende más allá del yo individual hacia la interconexión con los demás. 

La meditación en su conjunto es el puente que transforma el conocimiento intelectual en sabiduría experiencial. 


El entendimiento del ego y su rumiación (autoconocimiento), la comprensión de la evolución de la consciencia (Wilber) y la aceptación del flujo de la vida (Taoísmo) se vuelven realidades vividas a través de la disciplina de la meditación.

7. El Sendero de la Perfección: El Ashtanga Yoga de Patañjali

El hinduismo, a través del sistema del Ashtanga Yoga de Patañjali, ofrece un camino metódico y progresivo para alcanzar el estado de presencia, que se describe como Samadhi o la unión con lo divino. El nombre "Ashtanga" significa "ocho miembros", un sendero que va desde la ética social hasta la iluminación. Este sistema demuestra que la presencia no es un estado que se alcanza de inmediato, sino el fruto de un esfuerzo disciplinado y progresivo en todos los niveles de la vida.

Los ocho miembros se dividen en dos categorías principales: la preparación externa y la interiorización.
  • Yamas (Restricciones Éticas): El primer paso son los códigos de conducta para interactuar con el mundo exterior. Incluyen principios como la no-violencia (ahimsa), la veracidad (satya) y el no robar (asteya). Al vivir de manera ética, el individuo reduce el conflicto con su entorno, lo que disminuye la agitación mental y prepara el terreno para la paz interior.
  • Niyamas (Disciplinas Personales): El segundo paso se centra en la auto-disciplina, como la pureza (saucha), el contento (santosha) y el estudio de uno mismo (svadhyaya). Estas prácticas purifican el cuerpo y la mente, creando las condiciones internas necesarias para el desarrollo espiritual.
  • Asana (Postura Física): El tercer miembro son las posturas de yoga. Más allá del beneficio físico, las asanas ayudan a unificar la mente, movilizar energías bloqueadas y crear un cuerpo estable que pueda soportar la meditación.
  • Pranayama (Control de la Respiración): Se refiere al control del prana, la energía vital, a través de la respiración. Al regular la respiración, el practicante puede calmar el sistema nervioso, controlar los pensamientos negativos y establecer armonía entre el cuerpo y la mente.
Una vez establecida la base, los cuatro miembros restantes son la práctica interna:
  • Pratyahara (Retiro de los Sentidos): El practicante aprende a desvincular la mente de los estímulos sensoriales externos, un paso crucial para dirigir la conciencia hacia el interior.
  • Dharana (Concentración): La mente, ya sin distracciones externas, se enfoca en un solo punto. La práctica repetida de dharana sintoniza la mente con una corriente de paz constante.
  • Dhyana (Meditación): En este estado, la concentración se vuelve ininterrumpida y sin esfuerzo. El meditador se absorbe completamente en el momento presente, experimentando una profunda quietud y un flujo ininterrumpido.
  • Samadhi (Unión): La culminación del viaje. Es el estado de "superconsciencia" donde se disuelve la separación entre el observador y el objeto de la meditación, logrando una unión dichosa. Este estado es la encarnación suprema de la presencia, donde el ser se unifica con el todo.

8. El Castillo Interior: La Visión Mística de Santa Teresa de Jesús

En la tradición occidental, la mística cristiana ofrece un camino hacia la presencia que resuena profundamente con las enseñanzas de Oriente. La obra cumbre de Santa Teresa de Jesús, El Castillo Interior, es una guía alegórica del alma en su viaje hacia la unión con Dios, que puede interpretarse como un estado de presencia absoluta y trascendental. El "castillo" es el alma, y las siete "moradas" son los pasos de un peregrinaje espiritual.

Cada morada representa una etapa progresiva de la vida interior :
  • Las Primeras Moradas: El alma inicia su camino por su propia voluntad, respondiendo al "llamado" del Espíritu Santo para la conversión. Es el comienzo del viaje interior, donde la persona busca a Dios y se aleja de las distracciones del mundo exterior.
  • La Tercera Morada: El alma se acerca más a Dios, encontrando la dulzura de la gracia y alejándose de las amarguras de los demonios. Representa un estado de mayor paz y disciplina.
  • La Cuarta Morada: Aquí, el alma experimenta un cambio fundamental. Aunque el "pensamiento andariego" (la mente divagadora) sigue presente, el alma ya no se identifica con él, sino que puede encontrar la quietud y unirse a Cristo en una "cabaña interior". Esto es un paralelismo directo con la práctica de la meditación, donde la atención se redirige suavemente a pesar de la distracción mental.
  • Las Moradas Superiores (Quinta, Sexta y Séptima): A medida que avanza, el alma entra en un estado de unión cada vez más profundo. La sexta morada es la "noche pasiva del espíritu", una purificación en la que Dios parece ocultarse para preparar al alma para la unión mística. Es una prueba de fe que perfecciona la presencia, forzando al alma a encontrar a Dios incluso en la oscuridad. La culminación del viaje es la Séptima Morada, el "desposorio místico", donde el alma se une completamente con Dios, sin el velo de la individualidad, en un acto de amor supremo.

La visión de Santa Teresa complementa a las otras al ilustrar que la presencia no es solo una habilidad psicológica o un estado de concentración, sino una entrega total. 

En las moradas superiores, el alma ya no "hace" un esfuerzo para estar presente, sino que "es" la presencia misma, en un acto de fusión con lo divino. 


El Castillo Interior demuestra que el camino hacia la presencia puede ser arduo, pero el resultado es una paz profunda y una unión que trasciende el yo individual.

9. La Síntesis Integral: La Convergencia de los Caminos hacia la Presencia

El estado de presencia es el punto de convergencia de estas grandes tradiciones. Cada una, desde su perspectiva única, aborda un aspecto complementario de la misma meta. La introspección filosófica del autoconocimiento proporciona el punto de partida y la base ética, permitiendo que la rumiación del ego se disuelva de forma natural. El viaje de individuación de Jung es el mapa psicológico para trascender la máscara social y la sombra. El Viaje del Héroe de Campbell nos da un marco mítico para entender las pruebas del camino. El mapa evolutivo de la conciencia de Ken Wilber contextualiza el viaje, mostrando que la calidad de la presencia se profundiza y amplía a medida que el individuo evoluciona más allá de su identidad egoica. La filosofía taoísta del Wu Wei define la manifestación de la presencia en el mundo, como una acción sin esfuerzo que fluye en sincronía con el universo. El budismo tibetano y el Ashtanga Yoga ofrecen los vehículos prácticos para cultivar la calma, la disciplina y la visión clara. Finalmente, la obra de Santa Teresa de Jesús nos muestra que la presencia puede culminar en una unión mística total, una entrega del yo que trasciende todo lo anterior.
La verdadera maestría en la presencia no reside en el dominio de una sola de estas áreas, sino en la integración de todas ellas. Es el conocimiento del yo, la comprensión de la evolución de la conciencia, la fluidez de la acción y la práctica meditativa constante lo que crea una experiencia de presencia verdaderamente integral y duradera. La tabla a continuación sintetiza visualmente esta convergencia de saberes.

Síntesis de enfoques sobre la Presencia

Referencia Punto de Partida Naturaleza de la Presencia Objetivo/Resultado
Conócete a ti mismo Autoobservación filosófica Autoaceptación sin juicio Paz mental y bienestar
C. Jung Conciencia del inconsciente Integración de la sombra Totalidad del Sí mismo
J. Campbell Llamada a la aventura Superación de pruebas Obtención del elixir
K. Wilber Diferenciación del ego Conciencia no dual Autorrealización
Taoísmo Rendición al flujo del Tao Acción sin esfuerzo (Wu Wei) Acción espontánea y eficaz
Budismo Anclaje en la respiración Calma mental y visión clara Liberación del sufrimiento
Ashtanga Yoga Ética social y personal Interiorización y concentración Unión con el todo (Samadhi)
Sta. Teresa Respuesta al llamado espiritual Unión con lo divino Unión mística

Conclusión: Vivir con Presencia en el Siglo XXI

El estado de presencia, lejos de ser un concepto etéreo, es una herramienta práctica y vital para la vida en el siglo XXI. En un mundo definido por el caos, la desinformación y la incertidumbre, la capacidad de anclarse en el presente no es un lujo, sino una necesidad. La presencia actúa como un antídoto contra la rumiación inútil y la ansiedad, mejorando la resiliencia y la salud emocional.

El estado de presencia es el resultado de un viaje que comienza con un mandato ancestral y se nutre de un trabajo constante, transformando el saber en un modo de ser que está plenamente en sintonía con el universo.

La síntesis de los pilares analizados en este informe proporciona una hoja de ruta para una vida más consciente y plena. No se trata de un simple ejercicio intelectual, sino de un camino que requiere tanto el conocimiento de sí mismo como la disciplina de la práctica diaria. Al integrar estos saberes, el individuo puede mejorar su toma de decisiones, sus relaciones interpersonales y su calidad de vida en general. 

Bibliografía recomendada:

  • Hadot, Pierre. Ejercicios espirituales y filosofía antigua.
  • Wilber, Ken. La conciencia sin fronteras: Aproximaciones de Oriente y Occidente.
  • Wilber, Ken. Psicología integral.
  • Wilber, Ken. Espiritualidad integral.
  • Lao Tse. Tao Te King.
  • Campbell, Joseph. El héroe de las mil caras.
  • Jung, Carl Gustav. Los arquetipos y el inconsciente colectivo.
  • Teresa de Jesús, Santa. Las moradas.
  • Yogananda, Paramahansa. Autobiografía de un yogui.
  • Maiz, Sergio. Esencia de la meditación: El proceso meditativo en el budismo tibetano.
  • Patañjali. Los Yoga Sutras.
  • Iyengar, B.K.S. Luz sobre los Yoga Sutras de Patanjali.


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